Turismo

OPINIÓN: Cuando las Navidades se convierten en desgracia, solo para los pobres

Por Félix Betances

Cada año se observa cómo pasan las navidades dentro de lo que puede definirse como una tradición que va en reducción por un lado, aunque por el otro hay quienes la definen como desarrollo comercial. Sin lugar a dudas, su sentido original, se desvanece cada año que pasa, por lo que dentro de un tiempo no muy lejano, solo será cosa del recuerdo.

Miles de millones de pesos se dilapidan a nombre de los pobres en unas llamadas “Canastas”, cuyos principales componentes  no dejan de ser: un salami, dos pica pica, una botella de Ron entre otras nimiedades y lo peor de todo es, que más del 70 por ciento de dichas cajas, se quedan en manos de políticos y amigos; es decir, que  no llegan a las manos de quienes en realidad las necesitan.

Pero eso no es lo peor de todo ya que del 30 por ciento que llega a manos de necesitados, la mayoría llegan castradas por avivatos que les sustraen los artículos más importantes, haciéndoles llegar a penas los de menos valor.

Por otro lado y como parte del paquete, se destinan cientos de millones de pesos en hacer unas fiestas populares, que a veces, lejos de ser verdaderas fiestas, se convierten en frustraciones y se justifican, solo por el hecho de permitir que unos cuantos se echen en los bolsillos paquetes de pesos, de manera criminal.

En este año, la peor de las suertes le tocó a Barahona donde se trajo a artistas que realmente no llenaron las expectativas, en una actuación que se presentó en el Parque Central la cual inició a las diez de la noche y la que solo contó con poco más de cien personas.

Aspiramos a que en lo adelante, los gobernantes se actualicen y se humanicen, que actúen en consonancia con el sentir y las principales necesidades de los pueblos.

Esos recursos, deben destinarse a resolver necesidades perentorias de los pueblos, para lo cual deben consensuar, investigar y determinar cuáles son sus principales urgencias y resolverlas.

Que se deje ya esa majadería y ese dispendio de los recursos del pueblo y que se inviertan debidamente y que de esa manera, salgamos de ser una vergüenza que recorre el mundo cada año, como si esto fuese una maldición diabólica, que es lo que se vive en la distribución de tan aberrantes cajas; con cosas que realmente no resuelven nada y con los traumas que esto causa a personas que a veces hasta pierden sus vidas detrás de una funda.

¡Este pueblo no necesita esa miseria señor Presidente!

¡No necesita más vejaciones ni más maltrato de parte de un Presidente que lo representa y que siempre ha dicho que cree en Dios!.

¡Enderece señor Presidente, enderece!.

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