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OPINIÓN: Cuidado con los nuevos errores al abordar el Feminicidio

LA VERDAD Y PUNTO
Por Carlos Julio Feliz Vidal.-

En trabajos publicados en la prensa nacional, he sostenido que la manera en que se aborda el tema del feminicidio en el país, en lugar de permitir conocer el fenómeno y plantearle soluciones congruentes, lo que hace es producir morbo y dificultar su solución.

El feminicidio se ha procurado explicar a la luz de un único factor, el machismo y se ha propuesto para erradicarlo una sola política estatal, aumentar las penas al feminicida.

Las últimas muertes de mujeres ocurridas en el país, de manos de sus parejas ha colocado el tema de nuevo en el tapete.

Se ha introducido un proyecto de ley que busca imponer cadena perpetua al feminicida y penas de 30 a 40 años a la tentativa de feminicidio. Este proyecto es un error, las penas largas en lugar de evitar los feminicidios los incrementarán.

El feminicida dominicano no le teme a la cárcel, éste ha demostrado que se mata asimismo y a sus propios hijos, no sólo a la pareja.

La separación de las penas entre tentativa de feminicidio y feminicidio consumado, es otro error del proyecto.

Lo normal es que la tentativa de un crimen se castigue cómo el crimen mismo.

Hay tipos penales, que se producen en el seno fsmiliar, como los golpes y las heridas, que conducirán al sistema a condenar al agresor con penas de tentativa de feminicidio, obedeciendo a criterios errados de prevención, que podrían surtir efectos adversos.

El que incurre en golpes o heridas en el seno de una relación, dado el carácter emotivo del proyecto, podría ser condenado por tentativa de feminicidio, lo que a su vez puede reconducirlo a matar la pareja y asimismo.

El feminicidio debe ser explicado en el seno de una cultura que ha venido trastocado, cambiando los valores esenciales de la dominicanidad, no sólo como una postura machista.

Si no comprendemos la evolución social dominicana de los últimos treinta años, no comprenderemos en toda su magnitud el Feminicidio.

Hay muchas muertes de mujeres, que se pueden encuadrar en la conducta que describe Guillermo Hernando en su estudio con feminicidas en la cárcel la Victoria, y que publicara en un libro que tituló el “crimen pasional”, publicado en la década de los 90. El criminal pasional, ama de manera enfermiza a su pareja, ve su propio mundo a través de ella, le es fiel, cuándo percibe que puede perderla la mata. Este sujeto es un enfermo, no es sólo un macho. una mujer con igual trastorno puede matar a su pareja, lo mismo ocurre entre parejas del mismo sexo.

Creo que muchos feminicidios de hoy tienen otras explicaciones. El dominicano ha cambiado la cultura de paz por una cultura de violencia. La cantidad de homicidios es alarmante, lo que ocurre es que no estamos hablando de la enorme cantidad de muertes por diferencias triviales, asuntos sucesorales, conflictos por drogas, que se generan en el país, donde los victimarios y las víctimas, normalmente son hombres.

Los problemas ligados a la partición de bienes, a la guarda de los hijos, régimen de visitas y pensiones alimentarias, que no siempre son resueltos adecuadamente en las instancias judiciales, se han convertido en caldos de cultivos de violencia y muerte. Esos temas deben ser replanteados con sensatez, porque son otro capítulo de la tragedia que abordamos.

Las bases mismas en que descansa la Familia, infectada en muchos casos por la droga, el alcohol y valores foráneos que implanta la transculturaión, que diluyen el sentido de responsabilidad y el respeto mutuo, ha de tenerse en cuenta en varios casos.

Plantear en los medios de comunicación que las mujeres compren y usen armas de fuego y blancas, para afrontar el Feminicidio, es otro error. Es un discurso que promueve la violencia y que puede incitar más feminicidio. Si se toma en cuenta las estadísticas de violencia de género, tenemos decenas de miles de denuncias de maltrato físico en el seno familiar cada año, que no terminan en la muerte de ninguno de los cónyuges. Estos maltratos pueden devenir en muertes si seguimos fomentando la violencia.

Creo que hay otro factor que se liga al cambio de los patrones de comunicación que se derivan del uso de las nuevas tecnologías, que se asocia a la incapacidad de ciertos hombres dominicanos de comprender que la infidelidad femenina ha devenido en una práctica normal en el nuevo esquema de socialización.

El hombre de ayer agredía al amante de su pareja, porque podía conocerlo, dado que entre el amante y la pareja había un puente humano, “la mampiola”, oficio que desapareció con el uso del celular, como desaparecieron las chinchas con la llegada de las sillas plásticas. Este tipo de hombre está culturalmente intoxicado, y puede matar aún en ausencia de infidelidad, sólo porque la mujer maneje con claves su teléfono móvil.

Sigo creyendo que el tema tiene que ser replanteado y desnudado sin hipocresía social, para entenderlo en un esquema cultural y lógico.

Considero que hay males sociales cuya cura es la educación en valores. El feminicidio es uno de esos males.

El Estado debe proponerse, a mi juicio, un programa a corto plazo para afrontar la emergencia, que implique una intervención seria de equipos multidisciplinarios, de Minsterios, entidades privadas, el sistema judicial, que puedan en poco tiempo, visitar literalmente todo el país, dejando un discurso de paz y levantando información relevante para la prevención del crimen.

Debe trazar el Estado, un programa a largo plazo para ir fomentando una cultura basada en valores que permita que nuestros niños y adolescentes se formen bajo nuevos esquemas de convivencia y tolerancia.

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